Son las 11: 31, hora de España, seis y poco del otro lado del mundo. Escucho la radio en Venezuela. Me gusta saber qué pasa, qué piensan y en qué andan los venezolanos. Suenan las notas del himno nacional de fondo. Es casi de carácter obligatorio, al amanecer y al acabar el día, colocar esta banda sonora en las emisoras de radio y televisión, ya era así en otros tipos de gobierno. Esto me transporta a una Lila graciosa, que corría los lunes tras el último autobús para acabar como siempre llegando tarde al lunes cívico; aquél que no estuviera para la formación del himno nacional sólo entraría como oyente a clases, puesto que perdía la asistencia oficial. O bien era ridiculizado, cantando el himno delante de todos, para aprender que cada lunes a las 7 en punto se debía ver con orgullo dentro de una formación casi castrense, cómo se subía la bamboleante bandera, mientras la música de Vicente Salías y la letra de Juan José Landaeta destruía nuestro despertar con las rimas mas ridículas que mis pobres oídos escucharían jamás. Eso, claro está, sin ni siquiera haber probado desayuno alguno. Realmente, nunca entendí el porqué de tanta ceremonia para tan absurdo evento...
Ya aquella Lila despuntaba maneras de lo que sería un mal crónico casi de por vida. Ella llegaría siempre tarde, aunque madrugara para acicalarse los rizos. Esa Lila creía además en el día a día, odiaba la posibilidad de cualquier tipo de plan en la vida, creía en la justicia, en el periodismo y juraba que se pasaría la vida denunciando todo lo que considerara que iba contra sus, en aquel momento, muy reducidos ideales. Sus grandes problemas para aquel momento eran la obligación de llevar el uniforme, que detestaba con toda su fuerza, organizar y participar en todo tipo de marcha y manifestación posible contra el sistema para entonces, el pequeño sistema de gobierno de su instituto, ella defendía de manera férrea cosas tan relevantes como adaptar el uniforme a las condiciones climáticas y normas simples de la comodidad, entre otras memeces. La Lila de mis amores pasaba horas en la biblioteca, pero no estaba leyendo, (de haber sido así, hoy escribiría mejor) se la pasaba jugando al ajedrez con un grupito de chicos bastante raritos. La misma que los viernes por la tarde se dejaba apretar y besuquear al ritmo de salsa en la casa de algún compañero de clase, esa Lila descarada que una vez le hizo una encerrona al profesor de química (no contaré los detalles) e intentó destituir al jefe de seccional por fastidioso, al mismo que acabó por ser obligada a estrecharle la mano en la entrega de título. Esa Lila... dónde andará?
Bajo este majestuoso sol barcelonés, a un mes de mi 35 cumpleaños he de reconocer que me gustaba más aquella Lila inocente, caprichosa y atrevida que se fue perdiendo entre las rendijas de la existencia.
5 comentarios:
Hay bonita!! perdida!! yo a veces (bastantes!) veo a una lila así!!
Hay cosas que se acentuan..pero no creo que se pierdan del todo..salvo en graves catastrofes!!
Preciosos sol, si señor!!
es extraño que paremos convertirnos en algo totalmente distinto con el paso de los años, yo he perdido fe en mi vida e indiferencia por las cosas de la vida, ahora parece que ando con el triple de miedo, sin embargo en tu caso como dice Palmoba esa Lila revolucionaria que se comía el mundo se sigue intuyendo muchas veces entre cada una de las letras.
Me la dejas la sensación.. pero no solo esa Lila.. tu siempre me dejas llena de sensaciones!!
Me reitero en alegrame por no haberlo borrado en aquel momento y por que hay quien como vosotras habeis seguido por aqui!!
Duerme bien bonita!
Ayyyy, noooo!!! Aquella graciosa niña aún perdura en tus entrañas...y sale a pasear por estos campos virtuales...La miro con sus graciosos rizos y su mirada traviesa contraviniendo normas y haciendo su santa voluntad.
Claro que con los años vamos acomodándonos a las circunstancias y hasta nos hacemos más dóciles, pero eso es nuestro instinto de mimetización y supervivencia...La prudencia es un recurso más para ello.
Esa chica díscola, que se resistía contra el sistema y hacía de su capa un sayo, sigue resistiéndose a toda imposición que cree injusta....Sólo le falta sacarse el título de periodista y liarse a dar mamporros al odioso sistema que nos envuelve.
Un beso y un abrazo...Y no te perdiste.
Entrañables recuerdos.
Esa Lila atrevida y caprichosa que según dices se fue perdiendo, es la que ha hecho que hoy seas como eres, y está más presente de lo que imaginas.
Un abrazo
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